Relato de una Conversión
«El 18 de junio de 1815, después de una larga y agotadora jornada en el campo de batalla de Waterloo (Bélgica), me retiré a mi habitación. Entonces me vino el pensamiento: – Voy a rezar mis oraciones. Era una costumbre de mi niñez, la cual había abandonado desde hacía mucho tiempo.Me arrodillé cerca de mi cama; pero… había olvidado las palabras. Levanté la vista, tratando de recordarlas, cuando de repente tuve en mi alma una impresión que nunca antes había tenido. Era como si un Ser infinito y todopoderoso que conocía todo, lleno del más tierno interés por mí, me hiciera consciente de que se apiadaba de mí y me amaba. Mis ojos no veían a nadie, mis oídos no oían a nadie, pero tuve la certeza de que por primera vez estaba frente a Aquel a quien yo no conocía, es decir, frente a Dios mismo… La ternura y la exquisita plenitud de su amor me llenaban poco a poco y me acercaban a él mismo. mientras tanto, la luz, inseparable del amor, me revelaba cuán opuesto había sido yo a todo lo que es luz y amor. Lloré de rodillas durante un rato, sin decir una palabra; luego me acosté. A la mañana siguiente mi primer pensamiento fue buscar una Biblia. Hallé una, y desde entonces la Biblia ha sido para mí el libro de los libros».