La renuncia del compañero Gonzalo Fernández me provocó un gran alivio (hablo en términos estrictamente personales). Como el que se siente cuando cesa la tortura.El duelo por el linchamiento asestado ya lo habíamos asimilado. Pero la sádica insistencia, prolongada en el tiempo, más injustificada e inútil todavía, tocó colmos raras veces vistos. Y no ha sido la única, ni tal vez la última.....mas
