Digo parece porque sólo lo sugirió el tono de su voz, las vibraciones emocionales que emitió su exposición y, obviamente, los conceptos fogosos que propinó a la oposición con motivo del manoseado asunto del video fantasma.Es que habló por radio. No se lo vio. Nadie, salvo quienes estuvieron a su alrededor en la emisora, y cuyo silencio es fe de cruzado, pudieron comprobar cualquier ligero temblor de indignación en la barbilla replegada, una coloración subida en sus mofletes ni una postura de tigre viejo pero bravo dispuesto al zarpazo, que, tal vez, hubiesen sostenido la idea que dejaron las palabras que desparramó en su audición.mas

