En el mediodía de ayer, Nicolás Rupani, un muchacho de 23 años que junta cartones por las calles porteñas, hizo una de sus paradas habituales por Viamonte al 1100. Para su sorpresa, allí, frente a la puerta del Teatro Colón, encontró una jugosa cantidad de "cuadernillos". Alguien lo detuvo y le pidió que por favor esperara antes de marcharse con su bolsón cargado. Una hora después, dos abogados que representan a los trabajadores del teatro llegaron a la puerta.Los cuadernillos, como los llamó Nicolás, son partituras de coro y orquesta de emblemáticas óperas: Ai da, Il Trovatore y Falstaff, de Giuseppe Verdi; El murciélago, de Johann Strauss, y El barbero de Sevilla , de Rossini; en la mayoría se leía impreso en la portada "Archivo Teatro Colón".mas

