Los versículos del encabezamiento presentan dos actitudes ante lo que Dios dice: 1. El hombre puede escuchar la voz de la serpiente, llamado el diablo o Satanás, y dejar entrar la duda en su corazón. Entonces manifiesta desconfianza respecto a Dios su creador: se vuelve incrédulo, pone su Palabra en duda, desobedece y se esconde. Sólo ve en Dios a un juez a quien debe rendir cuentas. No puede gozar de la feliz relación como lo había hecho en el huerto del Edén y se halla separado de él. El miedo llena su corazón. La muerte es el final de su camino.2. Como Abraham, puede recibir con fe lo que Dios dice. Al conocer a Dios confía en él. Entonces está en comunión con Dios y deja en sus manos todo lo que le concierne. Es la actitud característica de la fe; y se manifestó en Abraham, padre de los creyentes. Este es el camino que lleva a la vida. Para volver a ganarse la confianza del hombre y demostrarle su amor, Dios hizo lo que el hombre no podía concebir: dio a su Hijo unigénito. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). En presencia de tal don, sólo hay dos opciones: creer o permanecer incrédulo. La respuesta que demos muestra a quién escuchamos: a Dios, y somos llamados hijos de Dios; o al diablo, y entonces somos hijos del diablo. Para ser librados de Satanás sólo hay que creer en la Palabra de Dios.
"Primero nos ignoraron, luego se rieron de nosotros, después nos atacaron... entonces vencimos "
***Primer diario digital Cristiano*** Emitido en la ciudad de Paysandù, con noticias de todo el acontecer sanducero, y del mundo comentado desde la optica cristiana "Una mirada diferente de la realidad"
viernes, 28 de mayo de 2010
La serpiente… dijo a la mujer:Génesis 3:1.
La Desconfianza o la Confianza
Los versículos del encabezamiento presentan dos actitudes ante lo que Dios dice: 1. El hombre puede escuchar la voz de la serpiente, llamado el diablo o Satanás, y dejar entrar la duda en su corazón. Entonces manifiesta desconfianza respecto a Dios su creador: se vuelve incrédulo, pone su Palabra en duda, desobedece y se esconde. Sólo ve en Dios a un juez a quien debe rendir cuentas. No puede gozar de la feliz relación como lo había hecho en el huerto del Edén y se halla separado de él. El miedo llena su corazón. La muerte es el final de su camino.2. Como Abraham, puede recibir con fe lo que Dios dice. Al conocer a Dios confía en él. Entonces está en comunión con Dios y deja en sus manos todo lo que le concierne. Es la actitud característica de la fe; y se manifestó en Abraham, padre de los creyentes. Este es el camino que lleva a la vida. Para volver a ganarse la confianza del hombre y demostrarle su amor, Dios hizo lo que el hombre no podía concebir: dio a su Hijo unigénito. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). En presencia de tal don, sólo hay dos opciones: creer o permanecer incrédulo. La respuesta que demos muestra a quién escuchamos: a Dios, y somos llamados hijos de Dios; o al diablo, y entonces somos hijos del diablo. Para ser librados de Satanás sólo hay que creer en la Palabra de Dios.
Los versículos del encabezamiento presentan dos actitudes ante lo que Dios dice: 1. El hombre puede escuchar la voz de la serpiente, llamado el diablo o Satanás, y dejar entrar la duda en su corazón. Entonces manifiesta desconfianza respecto a Dios su creador: se vuelve incrédulo, pone su Palabra en duda, desobedece y se esconde. Sólo ve en Dios a un juez a quien debe rendir cuentas. No puede gozar de la feliz relación como lo había hecho en el huerto del Edén y se halla separado de él. El miedo llena su corazón. La muerte es el final de su camino.2. Como Abraham, puede recibir con fe lo que Dios dice. Al conocer a Dios confía en él. Entonces está en comunión con Dios y deja en sus manos todo lo que le concierne. Es la actitud característica de la fe; y se manifestó en Abraham, padre de los creyentes. Este es el camino que lleva a la vida. Para volver a ganarse la confianza del hombre y demostrarle su amor, Dios hizo lo que el hombre no podía concebir: dio a su Hijo unigénito. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). En presencia de tal don, sólo hay dos opciones: creer o permanecer incrédulo. La respuesta que demos muestra a quién escuchamos: a Dios, y somos llamados hijos de Dios; o al diablo, y entonces somos hijos del diablo. Para ser librados de Satanás sólo hay que creer en la Palabra de Dios.
