
En pleno Buenos Aires del siglo XXI, la esclavitud ha renacido.a perversa combinación de condiciones económicas y procederes ilegales permitió que se extendieran por la ciudad talleres clandestinos donde seres humanos pueden llegar a trabajar dieciséis o más horas diarias a cambio de un dólar.Cuando una invasión de prendas asiáticas que se vendían a precios irrisorios amenazaban a la producción local. Algunos empresarios del ramo descubrieron que para convivir con tanta bagatela importada debían orientar su oferta hacia un público ávido de diseño y glamour, y -sobre todo- reducir sus costos. Para ello, tercerizaron la producción; es decir, la derivaron a sórdidos talleres que, amparados en la clandestinidad, transforman la normativa laboral en puro cuento y someten a sus empleados a indignas condiciones de trabajo y de vida. MAS
